Nov 16 2009
Cocineros en Murcia
Hay un zurrupión que va y suelta públicamente en periódico de a euro y pico que cierto colega merece la estrella michelín, para a continuación reconocer que él no ha ido a comer a casa del susodicho. Otro, en el mismo medio, en semana distinta, como ha ganado un premio de consolación afirma que él se posiciona junto a Santamaría, que la cocina del nitrógeno no tiene mucho fuste, y va y en el plato presentado al concurso coloca un “aire de salmorejo”. Y hay quien es capaz, ostentando rango de capitán, de permitirse el lujo de querer hacer trampas no en uno, sino en varios concursos. O los romanos han transmitido su locura vía el comic, por celebrar el aniversario de los galos de la aldea de forma evidente o aquí se pierde la chola con una frecuencia que más que locura llega a parecer estulticia.
¿Son las asociaciones estáticas el fiel reflejo de lo que la calle genera?. Las asociaciones que representan a comunidades tienen el peligro de la parcialidad. Más en una profesión tan golosa como esta de la cocina. Ahora muchos cocineros, creo que quince, representaran a esta comunidad en “Lo mejor de la gastronomía”. Y si por una parte está bien que vayan espero que en el cartel bajo el que se presentan no pongan comunidad de Murcia, sino hostemur, que hay una ligera diferencia. Porque fuera de ella hay gente que sigue trabajando y a la que nunca se le comunicó si querían unirse a tan quijotesca y necesaria actuación.
Los cocineros, los de aquí y los de allá, los del panochismo ilustrado y los que gustan de la vanguardia o los que cocinan bajo las sayas maternas, tienen el don de la acolectivización.
Si todos los gremios son difíciles de reunir, de poner en común, piénsese en los escritores, en los poetas, en los artistas del pincel y en los artistas del ordenador, en los sommeliers y en los cocineros, que ahora todos quieren ser artistas. Y vemos lo difícil que resulta encontrar asociaciones que practiquen no una acomodación al poder, sino un posicionamiento hacia la reeducación y no autobombo con cenas y mandangas, unas asociaciones que generen actividad y progreso, y no letargo y conmiseración.
No pertenezco a ninguna asociación de cocineros, porque las cercanas me parecen que no me dan lo que pido, que es sencillamente actividades para mi formación, y sin embargo si me apunté hace un tiempo a una de sumilleres, que catan con frecuencia y practican su profesión, o su devoción, según se encienta y se mire. Y aunque últimamente están un poco vagos, hacen el esfuerzo por seguir descorchando botellas para no olvidar cual es el fin con el que nacieron.